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Lo que Lyra te pide aprobar

Lyra pulsa sola lo que sólo abre, filtra o muestra algo, y te pide aprobar todo lo que guarda, envía, borra, paga o llama. Qué hace sola, qué te pone en una tarjeta de aprobación, qué ves en ella y qué pasa si la rechazas.

Lyra hace dos clases de cosas en tu pantalla. Mirar y moverse lo hace sola: leer los mandos que hay, abrirte otra pantalla, desplazarla. Y pulsa sola los enlaces, las pestañas y los botones que sólo abren, filtran o muestran algo: verás cambiar la pantalla y ella te cuenta lo que ha pulsado. Lo que guarda, envía, borra, paga o llama —y también aquello de lo que no está segura— no lo hace nunca sin preguntarte: te lo pone delante en una tarjeta de aprobación y se queda esperando.

Qué hace sola y qué te pregunta

Lyra lo hace solaLyra te lo pide aprobar
Mirar los mandos de la pantallaGuardar, enviar, borrar, pagar o llamar
Abrirte otra pantalla y desplazarlaEscribir en un campo
Pulsar un enlace, una pestaña o un botón que sólo abre o filtraElegir una opción de una lista desplegable
Cualquier mando sobre el que tenga dudas

La regla es la misma que aplicarías tú: abrir una pantalla, filtrar una lista o desplegar una ficha no cambia nada y no hace falta autorizarlo; guardar, enviar, borrar, pagar o llamar sí cambia algo fuera de tu pantalla, y eso lo firmas tú. Cuando no tiene claro de qué lado cae un mando, te lo pregunta.

Las tarjetas son para lo que Lyra hace sobre tu pantalla. Lo que hace con las herramientas de datos de Ciudadela —crear una tarea, consultar o actualizar una factura, buscar un vecino— lo ejecuta directamente con tus permisos, igual que en Tu Equipo de IA. Cuatro excepciones siguen pidiendo aprobación siempre: crear o cambiar una habilidad, una rutina o una plantilla; revisar, confirmar o cancelar una importación; crear o editar un plan de facturación (el plan, sus productos, sus métricas o sus comisiones); y la primera ejecución de una rutina que vaya a escribir o enviar algo, que se detiene hasta que un administrador la apruebe (después ya corre sola).

En la tarjeta de un cambio de plan de facturación verás también cuántas suscripciones activas tiene el plan: el cambio les llega a todas desde el próximo ciclo. Si ese número ya no es el real cuando apruebas, Lyra no guarda nada y te lo vuelve a preguntar con la cifra correcta. Una rutina que intente cambiar un plan se para hasta que alguien lo apruebe, también después de su primera ejecución. Más detalle en Suscripciones.

Qué ves en la tarjeta

La tarjeta dice, en una línea, qué va a hacer y sobre qué mando: «Pulsar «Guardar» (button) en tu pantalla», «Escribir «1.250,00» en el campo «Importe» de tu pantalla». Debajo, los valores en claro:

  • Control — el nombre del mando tal como lo ves en la pantalla, con su tipo.
  • Texto a escribir o Opción — resaltado, porque es lo que de verdad estás autorizando. Nunca se aprueba un texto sin leerlo.
  • Pantalla — la dirección de la página donde está.

Cuando lo que propone huele a dinero —un importe, un IBAN, una remesa, un cierre— la tarjeta lleva el logo de Ciudadela en vez de la cara de Lyra. Es el mismo aviso que ya usan las confirmaciones de contabilidad.

Cuando encadena varios pasos

A veces lo que le pides son varios pasos seguidos —abrir una pantalla, desplazarla y pulsar un botón—. Lyra puede encadenarlos y darlos de una vez en lugar de ir uno a uno. Si alguno de esos pasos toca la pantalla, la aprobación sigue estando: es una sola tarjeta que enumera todos los pasos, en el orden en que van a ocurrir, también los de mirar y moverse. Apruebas la lista entera o no se hace nada de ella.

Si un paso falla —el botón ya no está, la pantalla cambió por el camino— la cadena se para ahí: los que venían detrás no se ejecutan y Lyra te cuenta hasta dónde llegó.

Aprobar, rechazar, o dejarlo ahí

  • Aprobar ejecuta la acción en tu propio navegador, en la pestaña que tienes abierta, y la conversación sigue donde estaba.
  • Rechazar no ejecuta nada. Puedes escribir por qué; Lyra lo lee y se corrige, así que «no, ese no es el importe» le sirve más que un rechazo sin más.
  • Si no decides, no pasa nada: la conversación se queda esperando y puedes cerrar la pastilla o la pestaña. La acción no se ejecuta por su cuenta ni caduca en algo distinto de lo que aprobaste.

:::caution Sólo tú, y sólo en tu sesión Decide el dueño de la conversación. Y todo pasa dentro de tu sesión y con tus permisos: Lyra no puede tocar nada que tú no pudieras tocar a mano en esa misma pantalla. :::

Por qué no te lo pide una vez y ya

Cada propuesta es una tarjeta —una acción, o la cadena de pasos que te acaba de enumerar—. No hay «aprobar todo», ni una autorización que valga para el resto de la conversación, ni una casilla para dejar de preguntar. Lo que apruebas es exactamente ese mando con ese valor: antes de tocarlo, tu navegador comprueba que el mando sigue siendo el que te enseñó la tarjeta y, si la pantalla cambió mientras decidías, no toca nada y Lyra vuelve a mirar.

Si Lyra encadena muchos pasos de navegador sin que tú digas nada, se para sola y te cuenta qué lleva hecho, en vez de seguir dando vueltas.

Lo que sigue siendo tuyo

Punteo bancario, confirmación de asientos y cualquier cierre contable no son cosa de Lyra: no tiene herramienta para eso, ni con aprobación. Que pueda pulsar un botón de tu pantalla no le da atajos: cada acción pasa por las mismas comprobaciones de permisos que si la hicieras tú.

Ver también

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